sábado, 26 de julio de 2008

De venganza y otros gordos


¿Cómo que te moriste? Si ayer todavía te ví, caminabas con el culo de hipopótamo y tu porte de animal salvaje. ¡Que hijo de puta! Obstinado y pesado insultabas al mesero que con miedo te atendía, tragabas de todo y luego saliste con la arrogancia en los ojos y la salsa en los cachetes. ¿Cómo que te moriste? ¡Que hijo de puta!
Yo lo quería matar, era toda mi intención. Ya no lo soportaba ni un solo segundo mas, me debatía en las tardes tratando de pensar en como acabar con el. Pensé en envenenarlo, en asfixiarlo mientras dormía , en meterle una sola bala en la cabeza o talvez pasarle encima un camión de carga. Tenia el efectivo necesario para pagar quien hiciera el trabajo, pero no. El gozo lo quería yo.
Exclusiva era la gracia de causarle la muerte sin importar la forma. ¡Que hijo de puta!
Me despidió del trabajo por exigir mis derechos, violó a su secretaria quien en ese tiempo era parte activa de mi corazón. Luego decidió desaparecer del mundo a mi mejor amigo por ser parte del sindicato.
Trate, les juro que lo intente. Trate de ignorar y perdonar, trate de sofocar el odio y el rencor, pero no lo logre. Fui al Ministerio de Trabajo y el maldito con una buena “mordida” arreglo todo. Mi flor de primavera rota y remendada puso una denuncia de violación sexual en el Ministerio Público y en la oficina de la policía y termino siendo amenazada de muerte por una voz ronca y extraña, luego mi amigo Luis un verdadero ángel del mundo viviente termina revolcado en lodo en una cuneta, lleno de algodón en la boca, muerto, muy muerto de forma extraña y conocida. Todos estos crímenes obra de ese puerco.
Y luego el descaro de hacerme esto ultimo. ¿Cómo que se murió? Si yo lo quería matar. Maldito obeso de débil corazón, me quede con las ganas.



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